jueves, 30 de abril de 2020

T2 ¿Qué es ciencia?



 De las definiciones que se nos han presentado anteriormente, hay un elemento en la definición de ciencia del que se podría hablar mucho dentro del campo de las ciencias biosanitarias, esto es: el hecho de que se puedan comprobar los resultados o reproducir los experimentos. 

¿Por qué? Pues, porque mientras esto era sencillo en las ciencias experimentales puras de antaño (pensemos en la Física clásica: cualquiera puede lanzar objetos y cronometrar el tiempo que tardan en caer), no lo es tanto en el caso de la investigación médica actual.

Así, en primer lugar hay que tener presente que “reproducir experimentos” supone, en este caso, exponer a pacientes a tratamientos que se sabe o se sospecha que son ineficaces, o menos eficaces que el tratamiento de referencia. ¿Es ético esto? Una forma sencilla de responder a esta pregunta es: ¿nos gustaría que nos lo hicieran a nosotros? ¿o a un familiar nuestro?

Por otra parte, y aunque esto no es exclusivo de este campo, sabemos que existen importantes intereses económicos en juego. Por un lado, los de las compañías farmacéuticas (que, como empresa, tienen la vocación de obtener beneficios, pero que también son importantes impulsoras de la investigación); por otro, los de los propios pacientes, así como los de los financiadores de los tratamientos (aseguradoras privadas, y sistemas públicos de salud)

Así pues, las “comprobaciones de resultados” corren riesgos importantes de estar sesgadas en uno u otro sentido. Estas comprobaciones se realizan mayoritariamente en forma de metaanálisis, es decir, de análisis conjuntos de varios estudios sobre el mismo tema. Y, cuanto más objetivas pretenden ser, mayor es, por desgracia, la probabilidad de que concluyan que no existe evidencia suficiente como para afirmar absolutamente nada…

Y, sin embargo, la actividad asistencial prosigue, y en muchos casos sin una base que podamos calificar de científica. Hay quien se aprovecha de estas dificultades para probar la ausencia de eficacia de un tratamiento para hacer negocio (pensemos en las pseudoterapias y “pseudoterapeutas”), y hay incluso gobiernos que aprovechan la ignorancia de una población entera para venderles que la “medicina tradicional” de su país es mejor que la que propone el consenso mundial actual, seguramente con el fin de ahorrarse una sustancial suma en financiar una sanidad pública de calidad…

Lo dicho, que sobre este tema se podría hablar mucho.

Hasta próximas entradas,

1 comentario:

  1. Has descrito con crudeza las dificultades del panorama. Pero existen los ensayos clínicos, los comités de ética y la medicina basada en la evidencia, no todo está perdido ;-)

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